Las Cometas de Jodhpur

Texto: Danilovich Lebowski.

Si viajar por la India ya es de por sí como dar un salto atrás en el tiempo considerable, el estado del Rajastán nos lleva aún mas atrás, a la Edad Media.

Tierra de Maharajás, de guerreros, de turbantes y saris de colores, de leyendas, de palacios, de “muerte antes que deshonor”, de las mil y una noches. El feudal estado del Rajastán se gana, por méritos propios, los miles de turistas que recibe cada año.

Cada una de sus ciudades brilla con luz propia, y la de Jodhpur es azul.300807_meherangarh2.jpg

Tradicionalmente los Brahmanes (casta de sacerdotes) pintaban sus casas de este color, pero hoy en día muchos de los habitantes de Jodhpur se han apuntado a la moda, convirtiéndola en la Ciudad Azul.

Dominando la ciudad desde lo alto de la montaña se encuentra el fuerte de Meherangarh, donde una interesante visita guiada con auriculares introduce al visitante en el fascinante mundo de los Rathores, clan de guerreros Rajputs que en su día dominaron estas tierras, a las que llamaron Marwar, “La Tierra de la Muerte“.

Lo mejor que puede hacer uno después de haber visto el fuerte y algún que otro monumento es sumergirse en las profundidades de la ciudad vieja y perderse por sus bazares, patios y havelis (especie de residencia privada de Pakistán y el norte de la India), donde todo es azul y de otro tiempo.

Y es que Jodhpur es una ciudad viva, no muy grande y con cierta dosis del caos indio de rigor, pero aún así llena de encanto.

En la parte más occidental de la ciudad vieja, rodeando al fuerte, se encuentra el barrio más antiguo de Jodhpur, y el más azul. Aquí ya no hay bazares, sólo casas y havelis, y justo al final, donde la ciudad se encuentra con la muralla más exterior de Meherangarh, es donde se produce el milagro, la calma.

Pocos son los indios, y menos los turistas, que se acercan a los lagos que hay a ambos lados de la muralla a contemplar el atardecer, y esto lo convierte en un lugar perfecto para relajar la tensión de todo el día.

Desde lo alto de las almenas se puede disfrutar de un atardecer mágico. A un lado Meherangarh, 300807_meherangarh.jpgy al otro la ciudad.

En este momento, cuando el sol empieza a caer y el calor afloja, es cuando de repente y sin previo aviso empiezan a aparecer cometas en el cielo de Jodhpur. Los niños de toda la ciudad dejan de pedir bolígrafos a los turistas para disfrutar del momento más esperado del día.

Y así, poco a poco, y de azotea en azotea, se va llenando el cielo de cometas de todos los colores y formas. Lo único que tienen en común es su fabricación: casera. Los más afortunados tienen a sus padres o tíos fabricando para ellos, los más autodidactas se las fabrican ellos mismos como pueden, aunque muchas veces acaben volando libremente, y los que no tienen familia ni maña se dedican a recoger las cometas que otros pierden.

Y así el día da paso a la noche, y Jodhpur descansa, sólo por unas horas, hasta que el sol vuelva a aparecer y la ciudad se vuelva a llenar de vida.

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Texto: Danilovich Lebowski.

Cuando el tan temido monzón empieza a asomar por la India se produce un efecto embudo entre los viajeros que pululan por el subcontinente, que acuden al frescor de las montañas huyendo del calor.

Pero ni siquiera las primeras estriaciones de los Himalaya quedan exentas de agua, y cuando el monzón alcanza estos paraísos de montaña no son muchos los refugios donde el viajero puede esperar a que pase el chaparrón. Ladakh es uno de ellos.

A Leh, ciudad más importante de la región de Ladakh, sólo se puede llegar en avión durante la mayor parte del año, ya que las carreteras desde Srinagar y Manali sólo están abiertas desde Junio hasta Octubre, dependiendo de las condiciones climáticas.

El viaje desde Manali hasta Leh es impresionante y con aventura incorporada, ya que dura dos días, se pasa una noche en tienda en una llanura a más de 4.000 m de altura y el clima, no siempre favorable, puede hacer que el viaje se extienda algún día más de lo previsto.

lakash120807.jpgLa carretera atraviesa varios pasos de alta montaña, entre otros Lachlung La (5060m), con unas vistas espectaculares de los Himalaya, y el segundo paso de montaña por carretera más alto del mundo, Taglang La (5328m).

Al poco de bajar el Taglang La, el valle de río Gya te da la bienvenida a Ladakh con sus montañas de color rojo y verde, y unos paisajes que parecen de mentira.

Una vez dijo un fotógrafo que la India no es un país de paisajes, sino de caras, de gente. Esto es así en gran parte del subcontinente, pero no en Ladakh, donde la simpatía y honestidad de sus habitantes se combina con el espectáculo sin igual de sus montañas, valles, lagos, pueblos y templos, haciendo de esta región un lugar único en el mundo.

Ladakh es uno de esos lugares que más parecen de otro mundo que de éste. Para el viajero resulta sumamente interesante, ya que la combinacion de naturaleza y cultura lo convierten en irresistible. Es lo más parecido a lo que de debió ser el Tibet antes de la ocupación china, y el budismo está muy presente en todas partes. Perderse entre sus áridos valles para descubrir sus pueblitos y monasterios es todo un lujo para el viajero.

El viaje desde Leh hasta Srinagar (capital de Kashmir, región que en castellano conocemos como “Cachemira“) es tan bonito y trepidante como el de Manali a Leh. También dura dos días. Esta vez se para en un pueblo, Drass, y se duerme en una cama caliente.

El segundo día se pasa por el crítico paso de Zoji La (3.529m) donde el pésimo estado de la carretera puede dejarle a uno sin respiración en más de una ocasión, dependiendo siempre de la salud mental del conductor de turno. Viaje no apto para cardíacos.

Al otro lado del paso se encuentra Sonamarg, donde se para a desayunar o a besar el suelo, según lo que haya sufrido uno. El valle de Sonamarg, a pocas horas de Srinagar, es otro de esos paraisos perdidos, lleno de pinares y llanuras verdes entre las montañas, como recién salido de un cuento. Es una pena que los eternos problemas entre India y Pakistán hayan convertido esta zona en “poco recomendable” para el turismo.

kashmir120807.jpgLo interesante del viaje entre Leh y Srinagar no se encuentra sólo en las montañas, o en los paisajes, que cambian del “árido-de-otro-planeta” ladakhi, al “verde-de-cuento” kashmiri, sino en pasar de la calma budista de Ladakh al jaleo musulmán de Kashmir. Y este cambio de religión, por supuesto, lleva consigo un cambio en la gastronomia, en los templos, en el vestuario, en la forma de vida… en todo. Una delicia para el viajero.

Srinagar es famoso por el lago Dal y por sus houseboats, barcos convertidos en hoteles dentro del lago, donde uno puede sentirse como un Majarahá por unos dias, ya que algunos son auténticos palacios.

Comunicado por canales con el Dal, se encuentra el lago Nagin, mucho más tranquilo y recomendable para hospedarse.

Además del lago, en Srinagar hay varias cosas interesantes que hacer si uno tiene un par de días.

La ciudad vieja tiene su encanto, y tanto un paseo en shikara (gondola) por sus canales, como andando por sus callejuelas no deja de ser de lo más atractivo. De lo mejorcito de la ciudad se puede decir que es la mezquita de Shah Hamdem, en pleno centro, con pinturas de colores que la adornan de arriba a abajo.

Los jardines mogoles que rodean la parte oriental del lago no tienen desperdicio, como tampoco lo tiene la mezquita de Hazratba, cuyos jardines, a la orilla del lago Dal y con vistas privilegiadas, se convierten en el lugar favorito de los locales para pasar el domingo por la tarde, tomando té salado y comiendo esos dulces gigantes deliciosos de los que se venden en el simpático mercado del barrio. ¿Qué más se puede pedir de un domingo?

La gran pregunta: ¿Kashmir es seguro para el turista?:

sriagar120807.jpgRespuesta: Aunque las embajadas de medio mundo (y el Ministerio de Asuntos Exteriores español) recomienden no acercarse a Kashmir, y menos por tierra, me atrevo a decir que sí es seguro, y especialmente bonito por tierra. El conflicto con Pakistán no está ni mucho menos resuelto, pero sí es cierto que las relaciones entre los dos países al respecto están en un buen momento.

En Srinagar la gente es especialmente simpática y acogedora con el turista, y aunque el conflicto esta ahí, en alguna parte, el turista no tiene por qué enterarse. Eso sí, la ciudad esta llena de trincheras, tanquetas, soldados y ametralladoras, pero bueno, como diría Confucio, eso es parte del encanto, ¿no?

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 Viajar, viajar, viajar, eso es lo que nos gustaría a todos. ¿son iguales todos los jóvenes del mundo?, ¿tenemos todos las mismas inquietudes?, ¿alguien se ha dado cuenta de que no se puede empezar a llamar a las generaciones X, Y porque enseguida llegas al final del diccionario?.

Aquí os dejo un video para quien tenga estas reflexiones :)

Web: jóvenes desiguales

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África se recorre en bicicleta

Hace un par de meses me llegó al correo un interesante proyecto. Por dejadez y falta de tiempo (o ambas mezcladas) fui dejando la publicación del mismo en esta web “para más tarde”. Y ante el temor de que “para más tarde” se convirtiera en “nunca”, hoy estoy aquí para contárselo.

Nuria e Iván, amantes de la bicicleta, el teatro y la naturaleza, y sensibilizados con el mundo que nos rodea, decidieron combinar todas esas pasiones e inquietudes, con lo más obvio: recorrer parte del mal llamado Tercer Mundo en bicicleta, viviendo una aventura, aprendiendo de lo que se encuentren en el camino, y dando lo mejor de sí mismos, en este caso sus conocimientos sobre teatro, arte que practican ambos desde hace años.

Llevan un mes en camino, con casi 1.500 km a sus espaldas, y muchos más por delante, hasta llegar al Cabo de Buena Esperanza, su destino (en este viaje, sin duda sabrán elegir otros destinos más adelante, puesto que cuando se empiezan estas escapadas es muy difícil terminarlas después… y sé perfectamente lo que digo, por propia experiencia). Después de Marruecos, donde se encuentran ahorita, vendrán Mauritania, Senegal, Burkina Fasso, Guinea, Malí, Costa de Marfil, Ghana, Togo, Benin, Camerún, Nigeria, Congo, República Democrática del Congo, Angola, Namibia y Sudáfrica, aunque no descartan cambios de itinerario.

He estado leyendo su blog, donde narran el día a día y no he podido evitar sentir una tremenda envidia. No diré que es sana, porque lo que me está provocando es botar todo, tomar una bicicleta y recorrer (más) mundo, que ya llevo algo más de un año seguido con las posaderas geográficamente asentadas. Espero que les suceda lo mismo a ustedes.

Traeré noticias de Iván y Nuria periódicamente, pero no dejen de hacerles una visita a su web, donde cuentan todos los pormenores de su aventura:

www.buenaesperanza.es

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Además de los clásicos imperdibles de París (Notre Dame, Torre Eiffel, Museo del Louvre, etc.) la capital de Francia también tiene un lado oscuro que nada tiene que envidiar a Londres, más famosa en lo que a aspecto siniestro se refiere. Este artículo es una breve introducción a la Ciudad de las Luces… cuando las luces están apagadas…

Los viejos cementerios parisinos rebosan historia. Además de su belleza nostálgica y romántica, albergan personalidades de todo tipo: músicos, escritores, políticos y un sin fin de (ex) humanos ilustres. Entre los camposantos más importantes, se encuentran el de Montparnasse (metro Raspail) y el de Père Lachaise (metro Père Lachaise).

El primero, visualmente menos espectacular, cuenta con muchos sepulcros famosos: Jean-Paul Sartre y Simone de Beauvoir, Charles Beaudelaire, Julio Cortázar, Eugène Ionesco, Guy de Maupassant y otros tantos.

Père Lachaise es mucho más espectacular desde el punto de vista visual, con una vegetación frondosa que se vuelve casi selvática en algunas zonas. Aquí se encuentra la280407_necroparis2.jpg decepcionante y tópica tumba de Jim Morrison, el que fuera cantante de The Doors, rockero leyenda que acabó sus breves días en una bañera. Su pequeño recinto fúnebre está vallado y bajo vigilancia policial, para evitar homenajes vandálicos de admiradores y admiradoras. Curiosamente, la tumba de Oscar Wilde, sin vigilancia ni protección de ninguna clase, es un enorme graffiti, en el que las pintadas tienen una discutible relación con el muerto y su obra (por ejemplo, una de ellas decía “Viva México” (sic)).

Ambos cementerios tiene su estricto horario, que aproximadamente es de 8 a 18 (según la estación en que nos encontremos, en invierno cierran una hora antes), lo que contradice aquello de que los cementerios son lugares donde nadie quiere quedarse, y los que se quedan es porque ya no pueden irse. No cobran entrada y cuentan con varios mapas en el interior (ver foto), lo que hasta cierto punto facilita la visita. Pero si se tienen muchos muertos que visitar, mejor imprímanse un mapa de Internet, o consigan uno en algún centro turístico, puesto que es fácil perderse.

Si esta visita cementeril no colma sus ansias necrófilas, el remate es un descenso a las viejas catacumbas. A final del siglo XVIII los cementerios de París estaban tan superpoblados -es un decir- que la salubridad pública estaba en grave peligro. Se decidió entonces exhumar las tumbas viejas y llevar ese hueserío a unas canteras que existían desde la época romana, para que así los por aquel entonces modernos parisinos tuvieran dónde descansar eternamente, sin apretones.

Las catacumbas (metro Denfert-Rochereau) cierran a las 17, pero no permiten el acceso después de las 16; el precio del acceso es a mi entender excesivo (siete eurazos). Después de un pronunciado descenso en escalera de caracol, de unos paneles explicativos, y de unos largos y estrechos pasillos sin nada en particular, lle280407_necroparis1.jpggamos a la estrella del lugar. Originalmente, los huesos furon amontonados sin orden allí mismo, hasta que un buen samaritano decidió que esos muertos merecían un respeto y los huesos se dispusieron con un cierto orden: un muro de tibias y fémures, a veces adornado con simpáticas calaveras (ver foto) resguardan el resto de huesos, amontonados sin orden tras esa tétrica “frontera”. La entrada a la primera cámara impacta; los siguentes pasillos, que suman más de un kilómetro, no dejan de ser más de lo mismo.

Al final puede que revisen sus bolsos de mano para que no se lleven ningún recuerdo, y los guardias que cuidan el interior “peinarán” las catacumbas en su camino a la salida, buscando que ningún morboso en busca de emociones fuertes planee quedarse en el interior a pasar la noche (prueba de que el alojamiento en París es caro). Sin embargo y a pesar de ser un monumento óseo, no vi ningún cartel que prohibiera explícitamente la entrada de perros. Supongo que lo dan por sentado.

Con estas tres visitas, usted podrá conocer la historia parisina a través de sus verdaderos protagonistas: sus muertos.

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